Calafellviva.com desea hacer un pequeño homenaje a todas
aquellas personas, que por unos motivos u otros, hiceron de Calafell
un pueblo mejor y más conocido
Por eso, solicitamos que nos ayudeis y enviéis gente que
debería aparecer, no importa que sean temas culturales, sociológicos
o deportivos.
Comenzaremos por Carlos Barral
Carlos Barral
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| "El
hombre que quiso ser mar"
Editor
y poeta español. Barral nació en Barcelona, en cuya
universidad se licenció en Derecho. Su familia era
copropietaria de una importante empresa editorial, en la que
desde 1950 trabajó, convirtiéndola en una de las más
importantes de la época. Durante su vida como editor creó
premios y colecciones que ayudaron a dar a conocer entre los
lectores españoles las más importantes corrientes literarias
europeas e hispanoamericanas del momento y a renovar la
literatura española en los últimos años del franquismo. En
1952 apareció su primer libro de poemas, Las aguas
reiteradas, al que siguieron, entre otros, Metropolitano
(1957), 19 figuras de mi historia civil (1961) y Usuras
y figuraciones (1973). Su poesía empezó dentro de lo que
se ha dado en llamar la poesía social de los años cincuenta,
pero estaba tocada por una gran preocupación formal, que la
hace más hermética. Con Años de penitencia (1975)
inicia su producción en prosa, de carácter memorialista.
Aparte de su actividad literaria y editorial, fue senador por
Tarragona en 1982 y posteriormente parlamentario europeo,
siempre por el Partido Socialista. Murió en Barcelona.
Desde su
mítico Calafell y a bordo de su Capitán Argüello, paseó el
nombre de nuestro pueblo por todo el mundo.
Deseó
que sus cenizas fueron esparcidas por el Mediterraneo,
en las costas de nuestra localidad. |
Usuras y figuraciones (fragmento)
" Y tú amor mío, ¿agradeces conmigo
las generosas ocasiones que la mar
nos deparaba de estar juntos? ¿Tú te acuerdas,
casi en el tacto, como yo,
de la caricia intranquila entre dos maniobras,
del temblor de tus pechos
en la camisa abierta cara al viento?
Y de las tardes sosegadas,
cuando la vela débil como un moribundo
nos devolvía a casa muy despacio...
Éramos como huéspedes de la libertad,
tal vez demasiado hermosa.
El azul de la tarde,
las húmedas violetas que oscurecían el aire
se abrían
y volvían a cerrarse tras nosotros
como la puerta de una habitación
por la que no nos hubiéramos
atrevido a preguntar.
Y casi
nos bastaba un ligero contacto,
un distraído cogerte por los hombros
y sentir tu cabeza abandonada,
mientras alrededor se hacía triste
y allá en tierra, en la penumbra
parpadeaban las primeras luces. "


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